¡Qué Curioso!

La homosexualidad oculta en la política mexicana

La homosexualidad oculta en la política mexicana

A estas alturas en las que el mundo ya evolucionó y aparentemente cambió cada práctica homofóbica o por lo menos trata (o dice que trata). Existen muchas historias de políticos que se fingen heterosexuales con la finalidad de no enfrentar el escarnio público, o dicho de otra forma, “ser homosexual no está mal, pero que a mí no me descubran”.

Matrimonios arreglados por conveniencia financiera y social, una pareja del mismo sexo oculta entre los miembros más allegados del gabinete, desapariciones repentinas en un día de trabajo; todo es un secreto a voces, pero nadie habla al respecto, porque nadie puede “faltarle al respeto al licenciado”.

La nueva comunidad, abierta aparentemente a nuevas formas de socializar sexualmente, sigue teniendo cierto grado de machismo que hace que políticos nacionales y locales vayan por la vida fingiendo atracción por las parejas del sexo opuesto, no habría mayor problema de no ser porque si algún valor debería tener un político, es el valor de la honestidad; aparentar lo que no se es, no es honesto.

El problema para cualquier político mexicano o para cualquier político del mundo, es que su ”secreto” quede al descubierto y que los rumores comiencen a circular, primero en su círculo más cercano y después fuera de este.

La política mexicana es especialista en hacer rumores de prácticamente todo, pero en muchos casos los rumores son tan fuertes y desde tantos frentes, que bien pudieran tener algo de verdad. El caso de quien, para efectos de guardar su privacidad llamaremos Raúl “N”, es el caso de muchos políticos mexicanos que prefirieron generar una carrera política trascendente ocultando a toda costa sus preferencias sexuales y con esposa e hijos como coartada. Cuando uno ve a Raul “N” jamás pensaría que tiene una pareja homosexual. Usa botas vaqueras, habla con el estilo de un ranchero, con determinación y fuerza. No corresponde al prototipo de un hombre al que le gustan los del mismo sexo.

Raúl “N” siempre estuvo de acuerdo en que a lo largo de su vida debería ocultar esa parte de su vida; para eso se consiguió una buena mujer a la que después hizo su esposa. La mentira duró poco, fue ella misma quien observó que su marido se despedía con un beso apasionado en a boca, de uno de sus más cercanos colaboradores. Tras una acalorada discusión, todo se arregló. Ella aceptó su papel a cambio de no generar un conflicto social en el que su familia perdería, “Primero están mis hijos”; no necesitaba dinero, la esposa de Raúl “N” venía de una familia rica, pero en ese círculo social, las apariencias cuentan tanto como el dinero que se tiene en el banco. Desde entonces él se refiere a ella como “mi esposa” en cada uno de los actos públicos en los que coinciden, pero ella se refiere a él como el licenciado Raúl.

Su molestia es evidente, su dolor no se ha ido y tampoco la causa de su malestar. Raúl “N” conoció a Rodrigo “N” cuando ambos eran jóvenes. Como miembros de familia acomodada, aceptaron ocultar su afecto y atracción, y se disfrazaron de heterosexuales porque así les convino. Sin embargo, alguna noche en un hotel donde durmieron durante una gira de trabajo, al calor de las copas Raúl le prometió a Rodrigo que jamás lo dejaría y que para tenerlo siempre cerca, lo involucraría como sub alterno en cada uno de los cargos políticos que él ocupara. Su amor viviría hasta el final de sus días. Esa historia de amor se repite en muchas oficinas de la administración pública de México, y detrás de las puertas de esas oficinas se entretejen las mejores historias de amor, hombre contra hombre y mujer contra mujer.