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El voto ya no tiene otro valor que no sea monetario: con Obrador los mexicanos se jugaron la última carta...y también perdieron

Para 33 millones de votantes, López Obrador representó la última esperanza que México tenía por un cambio; después de tanto descontento con los gobiernos de sexenios anteriores, lo único que sucedió es que tras dos años de gobierno de Morena, los mexicanos se dieron cuenta de que son exactamente lo mismo o quizá peor de lo que tanto criticaron. El voto dejó de ser una manifestación de ese deseo del  cambio que jamás llegará y los mexicanos venden ya su voto al partido que más dinero pone en sus bolsillos.

El voto ya no tiene otro valor que no sea monetario: con Obrador los mexicanos se jugaron la última carta...y también perdieron

México ya perdió la esperanza. El cambio no llega y no llegará; la elección que puso en el poder a López Obrador agotó la suma de voluntades por lo que pensamos, sería una época de gloria para México. El combate a la corrupción tiene como antagonistas a Pio Obrador y a los hijos del presidente de México, inaugurando su negocio de chocolates cuando la pandemia contrajo al resto del sector empresarial.

La corrupción vive en casa del presidente y en la división del partido con el que llegó a la presidencia después de buscarla por varios sexenios, como ningún otro candidato lo hizo; la búsqueda del poder a toda costa.

El combate al narcotráfico tendrá como antagonista la liberación de Ovidio Guzmán y un juego absurdo de palabras el día de su captura, donde pasaron de lo sublime a lo ridículo, donde arrodillaron al ejército frente al cártel y donde el presidente terminó aceptando, meses después, que él mismo ordenó la liberación del narcotraficante para evitar una tragedia mayor y la pérdida de vidas inocentes. Luego saludó de mano a la mamá de Guzmán Loera y se disculpó por llamarlo "Chapo" en una de sus múltiples conferencias de prensa.

La pérdida de empleos desde antes de la pandemia, la destrucción de proyectos que superan la experiencia de todos y cada uno de los miembros de su gabinete y la apuesta por las energías que contaminan y que han destrozado al planeta. López Obrador es un presidente del 2020, que incluso, sería atrasado para la época de la primer campaña a la presidencia que emprendió.

Obrador evade al "pueblo bueno" cuando no le aplauden, viaja en camioneta de lujo, vive rodeado del lujo que ofrece un inmueble histórico como es Palacio Nacional, corrige a su Secretaria de Gobernación cuando por error y protagonismo, "se resbala" y denuncia misoginia y fuego amigo, despide a quienes no están dispuestos a seguirle la corriente ¿Qué nos falta ver para acabar de perderle el encanto?

Se rodeó de políticos de la peor calaña, lo que escupió el PRI y el PAN, los que saltaron del barco casi como "testigos protegidos" de Peña Nieto y como "informantes" contra Felipe Calderón, su peor enemigo, porque en su cabeza desapareció un sexenio, López Obrador vive aún entre 2006 y 2012, ahí atrapó su odio.

Pidió en extradición a Lozoya, pero lo liberó semanas después de usarlo como herramienta para señalar y abrir el camino a una consulta para enjuiciar a los expresidentes, una consulta que no tiene sustento y por tanto, tampoco tendrá un solo resultado.

Los mexicanos entendieron que López Obrador es un simulador profesional; cuando se ve acorralado por problemas reales como el desabasto de medicinas para niños con cáncer, Obrador habla de Los Dodgers de Los Ángeles en la Serie Mundial de béisbol; cuando se exhibe a su hermano recibiendo dinero por temas que no son claros, Obrador decide dejar de atacar públicamente a Salinas y evade el tema de Lozoya ¿Dónde está? Cuando se prueba que sus alfiles son sujetos de actos de corrupción, los congela, los guarda, como hizo con Irma Eréndira y Akerman, con Bartlet, Con Rocío Nahle, con Luisa María Alcalde; unos por propiedades que nunca podrían pagar con sus ingresos, otros por corrupción y nepotismo ¿Dónde están?

Más de lo mismo, o peor. México se jugó esa última carta de esperanza y ahora, cuando quedó demostrado que la gente que recibe becas y apoyos del Banco del Bienestar ya lo ven como una obligación, el voto vale lo que la gente recibe por él de forma inmediata, por el dinero que le pagan; cada vez será más difícil llamar a los mexicanos a las urnas.

"¿Cuánto me vas a dar?"

El voto será un recurso para que los más pobres tengan algo de dinero en cada periodo electoral y cada vez será más costoso cubrir sus aspiraciones monetarias, por lo que en algún momento, de forma descarada, los partidos políticos tendrán incluso que negociar para buscar un "tope", como lo hacen los empresarios que dependen de una misma materia prima para intentar establecer cierto control sobre el precio que los productores dan a ese insumo.

Será eso, o esperar que la autoridad electoral evolucione a la par de las trampas con las que los partidos políticos están desquiciando "el mercado" de los votos, su efecto búmerag será inevitable.